
Este era un hombre que se enamoro de la figura de una mujer sin vida, de una esquina, del vidrio, de un lugar. Aquella vez paso y la miro, sus mugrientas manos tocaron su encierro y roso el cristal a la altura de su mano, adoro el cielo rojizo que reflejaba en la cera y en los vidrios por ojos. Desde aquel entonces la iba a ver a todas horas, porque el amaba a esa mujer, sus días se convirtieron en la eterna observación hacia su doncella medieval y no hacía más que pensar en cómo sacarla y rescatarla.
Sabía que tenía un pasado por la que lo atormentaba por las noches, pero ella no era como esas muñecas de abril que lo arañaron hasta dejarle sin inocencia, ella era esa novia limpia y perfumada que admiraba y con la que algún día saltaría las nubes y llegaría al fondo del atardecer. Su amor crecía y a su doncella le regalaba imágenes en el cielo, mientras ella nunca dejaba de sonreírle, brillante, a la moda, paciente y muy quieta
Un día se bajo el cristal de una sola pedrada y corrió con ella hasta la plaza, la lluvia salpicaba su cuerpo y el temblaba de pura emoción bailando un vals, apenas podía creer que la tenía en brazos pero de pronto llegaron ellos y arrancándola de su pecho la destrozaron en mil pedazos, lloro y lloro, gritando que no lo alejaran de ella, el rostro de su amada se perdió entre la multitud. Ahora él se encuentra encerrado en cuatro paredes blancas, donde lo van a ver algunos amigos, de dos en dos, de tres a seis.
Sabía que tenía un pasado por la que lo atormentaba por las noches, pero ella no era como esas muñecas de abril que lo arañaron hasta dejarle sin inocencia, ella era esa novia limpia y perfumada que admiraba y con la que algún día saltaría las nubes y llegaría al fondo del atardecer. Su amor crecía y a su doncella le regalaba imágenes en el cielo, mientras ella nunca dejaba de sonreírle, brillante, a la moda, paciente y muy quieta
Un día se bajo el cristal de una sola pedrada y corrió con ella hasta la plaza, la lluvia salpicaba su cuerpo y el temblaba de pura emoción bailando un vals, apenas podía creer que la tenía en brazos pero de pronto llegaron ellos y arrancándola de su pecho la destrozaron en mil pedazos, lloro y lloro, gritando que no lo alejaran de ella, el rostro de su amada se perdió entre la multitud. Ahora él se encuentra encerrado en cuatro paredes blancas, donde lo van a ver algunos amigos, de dos en dos, de tres a seis.
Porque los locos todavía se pueden emocionar con una sonrisa o unos bellos ojos, aunque sean falsos y se trate de una muñeca
1 comentario:
U_U esto me recuerda al castigo del desamor
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